domingo, 26 de marzo de 2017

PLANAZO



La tarde noche del viernes prometía: a las 8 la presentación de los diarios de Avelino Fierro, y a partir de las 9 (es decir, entre las 9 y las 10:30) el concierto de Maga. La laxitud en los tiempos de la casa donde tenía lugar el primer evento hacía peligrar el segundo, aunque la aún mayor laxitud en los tiempos de los conciertos en los bares hacía posibles ambas cosas, e incluso una caña o dos con Avelino y su troupe entremedias. Cuando uno se hace su composición las cosas salen siempre rodadas. Luego… Presentaba la lectura, que luego casi no lo fue, Eloísa Otero, agitadora de la cultura leonesa y editora de la revista digital TamTamPress, donde se comenzaron a publicar los diarios de Fierro (tras una primera entrega en Clarín). Se hablaba de los dos libros, Una habitación en Europa y Ciudad de sombra, de su gestación, su contenido, esas cosas. El autor saltaba de un tema a otro sin cerrar el anterior, de manera que aquello parecía una conversación entre amigos de los que, eso sí, sólo habla uno. Pero no pasa nada, porque lo hace tan bien, es tan buen conversador, que el resto está encantado. La inteligencia al servicio de la bonhomía, qué más queremos. Al final me vi interpelado para dar mi opinión sobre los poetas (más o menos) de Twitter: “Sergio, que está por ahí, nos dirá lo que piensa…” Menos mal que, enlazando, enlazando, se le olvidó luego.
Concluido el acto, se trataba de tomar unas cervezas. Eloísa Otero, que ejerció durante varios años el periodismo en Valladolid, me habla de la penosa situación de una prensa que ha tirado por el camino del medio ahorrando nóminas, orillando a los más veteranos y sustituyéndolos por jóvenes y becarios, en un oficio donde tan importante resultan el término de comparación y la memoria histórica, por así decirlo. En León la situación es aún más pesebrera, con su principal diario en manos de un pez gordo de la construcción. Luis Marigómez y Avelino Fierro hablan de Gamoneda. Lo alaban sin fisuras. Avelino lo llega a comparar con Antonio Machado, pero es posible que yo haya oído mal, o no todo. Comento que con Gamoneda me ha ocurrido como con muchos grupos de música y unos pocos poetas: me gustó, pero ahora no me gusta. Su supuesta música sólo me parece sonido, sonido sin música.
Cuando hablan de cambiar de parroquia  tomo las de Villadiego. Son las diez y media y Maga ya habrán empezado. Antes de sacar la entrada pregunto al espabilado de la taquilla, visiblemente puesto, cuántas canciones llevarán. “Unas cuatro”. Ya dentro, me dicen que ocho o nueve. Me lo olía, pero habría pagado igual de a gusto los 15 euros, como pago otros 15 por el disco que presentan. Sé que apenas me gustarán, con suerte, tres o cuatro canciones, que lo mejor de Maga fueron sus tres primeros discos (el verde, el blanco y el negro), pero es la mínima gratitud que creo deberles por esto, esto, esto… Yendo como iba solo, según costumbre, salí de allí el primero cantando felices estribillos mientras pensaba en qué bar podría tomar tranquilamente una copa. Descartados los más bulliciosos, me pareció romántico abrevar en uno de esos cubiles a los que acudíamos en los tiempos en que aún había grupos que hacían homenajes a Leño, y así paré en un oscura madriguera de significativo nombre: “Mala vida”. Mala vida y mala idea, pensé mientras pedía una cerveza temiendo garrafa fina, ya tarde para recular. De los cuatro parroquianos que allí había baste por toda descripción la frase con que se despidió uno de ellos: “Nos vemos en los bares, nuestras iglesias.” Pagué (poco) y salí de aquella cochinera sintiéndome con derecho a probar suerte de nuevo. Sin arriesgar, fui al Fuzztone, un bar correcto con gente más o menos pasada que no mira mucho pero donde se mastica el anodino chicle de un rocanrol nifuni. El whisky elevaba, desde luego, mis pensamientos, pero faltaba lo más importante. Un bar en el que se puedan escuchar canciones como esta:

 Royksöpp: "Daddy´s groove" (de Late night tales: Royksöpp, 2013)

sábado, 18 de marzo de 2017

LUZ LLAMA A MÁS LUZ

Hoy uno de esos grupos que siempre vienen a ser lo mismo y por eso nos gustan, un sonido limpio a la americana, armonías vocales sencillas pero infalibles y arreglos luminosos. Herederos directos de Teenage fanclub, en este su cuarto disco, Real Estate han acertado además a actualizar su sonido sesentero con pinceladas de psicodelia, teclados y distorsión.


Real Estate: "Darling" (de In mind, 2017)
  
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martes, 14 de marzo de 2017

BIRUJI



En la Plaza Mayor, una mujer le dice a una niña. “Súbete la cremallera, que hace baroji”. La sonrisa se me hiela cuando veo acercarse a un anciano con abrigo de paño, bufanda y boina, perfectamente barojiano. 

Foto: colección ABC



martes, 7 de marzo de 2017

SECRETOS DE ALCOBA



Hoy el gallo ha cantado más temprano. Exactamente a las 6:12. Más que un canto extasiado de buenos días ha sido un gallináceo quejío, entrevelado pero suficiente para que el padre, que duerme, perruno, con una oreja levantada, llegase hasta la cuna para poner en su boca el correspondiente chupete, que brillaba en el suelo. Como casi siempre, el padre ya no ha vuelto a dormirse, y así ha podido regocijarse cada una de las tres veces que la madre ha pospuesto la alarma del móvil. Y se regocijaba este padre del marmotismo materno (el matermotismo) porque anoche leímos esto, y bien que nos reímos, naturalmente, de ese “naturalmente”. Cuando a las 8 la madre se ha marchado al colegio, y dado que los gallináceos cloqueos de Laura no iban a más y que Andrea duerme como un ceporro, el padre ha abierto de nuevo ese libro y entre sus etcéteras miraba al techo pensando por qué su vida familiar, que todo lo llena, tiene tan poca presencia en lo que escribe, y hacía, el pobre, propósito de ver, de separarse y ver el grano (la gracia entrañable de ese marmotismo, las posibilidades de ese chupete luminoso) en tanta supuesta paja, de dar voz y palabras a sus etcéteras.