sábado, 10 de enero de 2026

UN BUEN LIBRO

 

Un autor en la presentación de su miscelánea, avanzando por el libro en busca de fragmentos que leer:

    -Se ve que hay unas páginas que ya no…

Lo dice sonriendo, en un susurro, dando voz al curioso estupor que todo poeta (y él lo es) siente con cualquiera de sus libros: a su publicación, todos los poemas valen, a los pocos meses la mitad ya no, y al año salvaría con suerte dos o tres. Es siempre así, y no pasa nada.

*

Este mismo autor se refiere a nuestro tiempo con una expresión muy justa, propiciada precisamente por ser la época de más fácil acceso a la información y la comunicación: “impotencia social”.

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Cuando le doy a firmar su libro, cometo la torpeza de presentarme. Naturalmente, había pensado: “me conocerá, se declarará lector mío, nos entenderemos siquiera por un minuto y quedaremos amigos literarios”. Naturalmente, no fue así. Salgo llamándome imbécil. Lo triste es que si no me hubiera presentado saldría llamándome imbécil por no haberlo hecho.

*

Tomo una cerveza en El largo adiós picoteando a la vez el libro y un alpiste de frutos secos. Entresaco:

    Nadie me pregunta, pero no dejo de responder. Quiero decir: escribo.

    Escribo para perderme de vista.

    Siempre fue el tiempo -la época- de otros, incluso cuando era mi tiempo.

    Su gran error -lo ve ahora- es haber encontrado tolerable la soledad.

    Que no se vea el pegamento con que juntaste los pedazos (¿las astillas?) de ti mismo.



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