jueves, 22 de junio de 2017

LA FRAGUA LITERARIA

Manuel Cuenya ha tenido la amabilidad de entrevistarme para su "Fragua literaria leonesa", que publica en i.leon. Tan solo aclarar que, de los textos que aparecen al principio, únicamente son míos los que van entre corchetes, siendo replicas a otros (los que les preceden y sin corchetes) de Ramón Eder.

Aquí el enlace.

domingo, 18 de junio de 2017

CLÉMENT JANEQUIN

Si hasta un presidente de gobierno tiene, como todo cuñado, un primo infalible (físico a la sazón) del que echar mano en las conversaciones distendidas, no iba uno a ser menos. Pero dado que no me dio la providencia ser registrador de la propiedad, sino simple profesor de música y un poco poeta, mi primo no podía ser catedrático de física, sino, ay, carne de bohemia. Así está de flaco el hombre. No son pocos los versos que me ha robado este primo poeta: 

Sé que la vida
es algo entre dos nadas.
¿Pero es igual
el silencio que hay antes
y después de la música?

La música es la vida, nada menos. ¿Pero es toda vida música? Y si así fuera, ¿es igual una música que otra? También de esto sabe algo mi primo poeta, que no solo se me adelanta en verso: "La 94 de Haydn, la 41 de Mozart, la 7ª de Beethoven, la 2ª de Brahms, la 1ª de Prokofiev. Y después, ¿qué?" Quizá crecer, hacerse música, es irse dando cuenta de que el después hay que buscarlo en el antes. No encuentra uno música más elevada y elevadora que la polifónica. Pura y limpia como un agua clara, su aparente limitación hace aún más sorprendentes sus audacias. El milagro que sucede al paso del minuto 1:32 de este Gloria de Janequin está vedado a las palabras. Lo sabe mi primo; quizá (aunque lo dudo) el primo del presidente; ahora, el primo del primo no creo que lo entienda, pero no porque no pueda, sino porque estas cosas le dan igual, que tonto no es. 
 
C.Janequin (1485-1558): Missa La Bataille (II.Gloria)
Ensemble Clément Janequin
(Dir: Dominique Visse)

domingo, 4 de junio de 2017

LO QUE QUEDA



Tenía clase con Marta. La edad con que se inician los estudios en el conservatorio, ocho años, está pensada para que los finalicen, caso de no repetir curso, a la vez que el 2º de bachillerato. Pero Marta entró ya en 1º de grado profesional, hace 4 años, con 14, de manera que terminará el instituto faltándole los dos últimos cursos del conservatorio. Es una alumna brillante (quien lo es suele serlo en todo lo que hace), pero a pesar de ello, o por ello precisamente, vive sujeta a una presión sin tregua en cuyo cénit pende esa espada de Damocles llamada “media”. La exigida para entrar en farmacia, la carrera que quiere estudiar, es muy alta. Suponiendo que entre, como es de esperar, irá a estudiar a Salamanca. Yo le había dicho que a partir de mayo hiciera lo que pudiera. Ya tenía suficiente con el curso y la EVAU, que es como llaman ahora a la selectividad. Aún así nunca dejó de cumplir, si le mandaba un estudio, un estudio, si le mandaba dos, dos. Me pidió no asistir a las dos últimas clases. Me di cuenta de que, tras cuatro años y decenas de horas mano a mano, ya no nos veríamos. Una pena perder a una de mis mejores alumnas, sin duda la que tiene más proyección, una joven con cabeza, tesón y dos años por delante para pulir un sonido ya precioso, afianzar una digitación ya solvente, enriquecer una musicalidad natural y propia. También una alumna, en fin, de una timidez que nadie imaginaría escuchándola y viéndola tocar.
Quise reservar los cinco últimos minutos de esa postrera clase para el balance y la complicidad. “Bueno, parece que esto se acaba.” Pues sí, respondía lacónica. “Siempre se echa de menos a alumnos como tú”. Acaso pretendía yo, a última hora, profundizar en una relación que, si bien impecable, nunca pasó a la apertura personal. Ella sonreía pero no decía nada. Más bien se veía que limpiaba la flauta con presteza para volver lo antes posible a su estudio. Acaso esperara yo también un poco de jabón, y di otro paso: “Espero haber sido para ti un buen profesor, que recuerdes las clases con cariño”. Ya se levantaba y enfilaba hacia la puerta. Renuncié a los dos besos de rigor. “Suerte”, acerté a decir mientras se cerraba la puerta. Quedé taciturno. Tendrá que ser así, pensaba sin saber qué pensar, sin saber si, sonido, digitación y demás a parte, quedará algo.

UN NOCTURNO

Beacon: "Feeling´s gone" (de The ways we separate, 2013)
 

jueves, 25 de mayo de 2017

ESCUELA DE CONCISIÓN

Escuela de concisión (la mejor para la poesía) es el Barroco. Qué callo no tendrían para componer en un periquete obras en verso, ya teatro, ya novela, y que pase éste la mayoría de las veces desapercibido. Lee uno La galatea o El perro del hortelano y le dan ganas de echarse al monte del romance o el soneto a razón de diez por día. Otra cuenta de la lechera, esta menos descabellada, sería la de leer una comedia de Lope cada fin de semana. Los clásicos siempre merecen la pena. Para muestra, estos botones de La dama boba:

Lo más, como lo menos, me fatiga.

aunque sospecho que tengo / de olvidarme de olvidarte.

Ningún hombre nacido a pensar viene / que le falta, Miceno, entendimiento.

¡Difícil cosa es saber! / Sí, pero fácil creer / que sabe, el que poco o nada.

--los que son bobos de veras / ¿cómo viven? --No sintiendo; / pues si un tonto ver pudiera /
su entendimiento a un espejo , / ¿no fuera huyendo de sí? / La razón de estar contentos /
es aquella confianza / de tenerse por discretos.

[Amanecer] Dormían las rentas grandes, / despertaban los oficios.

De dos extremos: boba o bachillera, / de la boba elección, sin duda hiciera.

¡Qué descanso de mis canas!

Todos me piden sus almas. / Almario debo de ser.

(...) ¿Qué más remedio / de no reñir que estar la vida en medio?

lunes, 22 de mayo de 2017

TARDE

G.F.Handel: "Se pietà di me non senti" (Giulio Cesare in Egitto, 1724)
Il Giardino Armonico (dir. Giovanni Antonini)
Cecilia Bartoli, mezzosoprano 

Últimamente llego tarde a todo. Será que ya se huele el fin de curso. La canción de los sábados aparece los domingos y hasta, por unos minutos, los lunes. No sé qué me da poner hoy aquí un tema pop, ambient, electro o lo que sea, después de las dos horas flotando en compañía de Il Giardino Armonico y su programa de conciertos italianos. Las notas al programa recogen este oportuno juicio que Quantz incluyó en su Ensayo de un método para tocar la flauta travesera (1752) referido a sus contemporáneos italianos:  "No ponen límites a la composición, y su concepción es grandiosa, alegre, expresiva, refinada, un tanto extraña, libre, atrevida, audaz, extravagante, y a veces no respetan las normas". Al salir, tras recordarme una compañera del conservatorio que mañana volveremos a la cruda realidad, unas nubes vagarosas prolongan el vuelo.


lunes, 15 de mayo de 2017

viernes, 5 de mayo de 2017

viernes, 28 de abril de 2017

C.V.



Si antes el sentido de la literatura de viajes era poner al alcance del lector paisajes y costumbres de lugares que no conocía y difícilmente podría conocer, ahora, tan viajados todos, las páginas que más nos gusta leer son sobre aquellos otros que sí hemos conocido, y me temo que en parte porque dan relieve a esa ridiculez que tanto nos hincha, el “currículum viajero”.

martes, 25 de abril de 2017

ABAB

Bien se ve que Cervantes ya era padre cuando puso en boca de don Quijote aquel memorable monólogo contra el tuyo y el mío. En esas andan Laura y Andrea, pero peor: entre el mío y el mío. Dicen todos que es normal y me quedo más tranquilo. Es la excepción del gozoso despertar al lenguaje. Gozoso y productivo: una de esas primeras expresiones más allá de las palabras sueltas arroja luz sobre el soneto que tengo en la cabeza, en concreto sobre la rima de los cuartetos, que era en principio ABBA: "A veee, a veee...", repite Laura. Y sí, mucho mejor ABAB.

jueves, 13 de abril de 2017

PÍO

"Atentas a ver si veis algún pío." La sonrisa se me hiela cuando veo acercarse a un anciano con abrigo de paño, bufanda y boina, perfectamente barojiano.

martes, 11 de abril de 2017

VERSOS DE ISABEL ESCUDERO, II

EL ABANICO

                                                                                    En memoria del morir de mi madre

                                               ¿Qué movía tu mano, madre,
                                               a desplegar las varillas, a batir las alas
                                               del aire que ya apenas respirabas?
                                               ¿Cómo tus dedos de muñeca quieta
                                               una y otra vez las desplegaban
                                               y en ciego cumplimiento de una orden
                                               volvían a plegarlas?

                                               Ya estabas, madre, sola y muda
                                                y muerta para el alma;
                                                ya nos habías ido soltando
                                                a tus hijos y a tu casa,
                                                pero en tu mano de cera el abanico
                                                se abría y se cerraba.

                                                ¿Era el último hilo
                                                que a tu labor sin fin fin reclamaba
                                                y que en un ciego afán sin nombre
                                                tu mano al aire lo enhebraba?

                                                ¿O era quizá que fuera ya de ti
                                                un hondo mandamiento te empujaba
                                                a seguir aventando al mundo
                                                de su polvo y de su paja?

                                                ¿O tal vez sería que las cosas
                                                que tú en vida tocaras
                                                de ti no querían desprenderse todavía
                                                que eran cosas por ti y se resistían
                                                a tornar al hueco de su nada?

                                                ¿Pudiera ser, señora mía,
                                                que fuera el abanico solo
                                                quien tu mano agitaba?

                                                 Asombrados seguíamos
                                                 aquel revuelo de alas
                                                 de terca mariposa
                                                 que su adiós dibujaba
                                                 con trazo enamorado
                                                 en torno de tu cara.

                                                 Ya se habían para ti borrado,
                                                 madre, las familiares caras;
                                                 ya sorda en el vacío te perdías,
                                                 y ni el dolor ni mi voz ya te alcanzaban,
                                                 pero allí todavía el abanico
                                                 en tu mano se abría y se cerraba.


                                                                                      Hospital 17-II-2003

lunes, 10 de abril de 2017

VERSOS DE ISABEL ESCUDERO, I


Entre dos muertes ando:
esa que ha de venir
y esta que va pasando.

Niñez lejana:
de chiquita que era,
hoy me llena la casa.

Hacia atrás miro:
agua pasada
sí mueve molino.

(...)
La jaula del pecho,
destartalada:
¿dónde el pájaro
que dentro te cantaba?

En la mina del alma,
revueltos
el oro y la ganga.

Con el deshielo
un río de niños
inundó el pueblo.

(...)
Solos tú y yo,
montaña,
(...)

Quietos en la estantería.
Como libros sin leer,
así tu vida.

15 de Agosto:
Todos se han ido,
ya no estoy solo.

No sé lo que temo,
pero me mata
el no saberlo.
(...)

Lo mejor de estar viva
es dormir cada noche,
despertar cada día.

Será porque tú sabes
algo que yo no sé
que ando enamorada
¿de qué?

¡Qué le vamos a hacer
si el amor acaba siendo
querer querer!

¡Qué bien habla!,
gracias a que no sabe
lo bien que habla.

Calla y confía:
acaso mañana
no será otro día.

Esto sí que tiene ciencia,
que yo dependa de ti
y tú de tu idependencia.

miércoles, 5 de abril de 2017

PLURIEMPLEO



Una merced inesperada pero no pequeña que le debo a la paternidad es que mientras antes iba al trabajo como quien baja a la mina ahora voy, como quien dice, a descansar. Salgo de casa con tiempo. Los diez minutos de paseo hasta el conservatorio, además de ayudarme a bajar la comida, me procuran la necesaria porción de campo y cielo. Raro es el día que no veo al pito real, o al petirrojo, o unas cogujadas. Vienen ahora, además, los sucesivos aromas de la flor del almendro, la genista o las celindas, que aquí llaman azahar. Ya en el aula, escucho, me siento, me levanto, toco, bajo por un café, hablo con los alumnos… descanso, en definitiva, de la infantil tiranía –en clase sí mando yo, aunque luego no me hagan ni caso– a que estoy sujeto con Laura y Andrea por las mañanas.

Cuando éstas se dan bien acabo, como Víctor Botas en aquel poema, tan jodido y feliz como furcia de hotel en noche de congreso. Si se dan mal, no acabo feliz. Al final todo se resume en no enfadarse, en recordarse a uno mismo ante una rabieta, una envidiosa llantina o un sofá pintado con bolígrafo, que todo está bien, que están sanas, etcétera. Porque de ese empeño, el de no enfadarme, depende mi alegría y, colgando de ella, la de las niñas. El asidero moral al que me agarro para llegar a ella es condicionar mi estatura paterna, y de paso humana, a la siguiente proporcionalidad inversa: ésta será mayor cuantas menos veces me enfade. Y así vamos tirando.

lunes, 3 de abril de 2017

HAIKUS DE ANTONIO MORENO

Sea tu dicha
lo mismo que el barranco:
oculta, a solas.

¿Quién va a decirme
esa palabra extraña
que tú sabías?

Este amor nuestro
por la luz que mirábamos
somos nosotros.

Que nadie sepa
de esta concha en la piedra
me reconforta.

Cerros anónimos.
Alegre de saberme
vivo entre piedras.

Lo más difícil,
llamarle pan al pan
y no ensuciarlo.

¿Quién es Antonio?
Este vivo silencio
tras siete letras.

domingo, 2 de abril de 2017

MÚSICA ELECTRÓNICA

Va pasando a mejor vida, y ya era hora, el viejo recelo contra la música electrónica. "Eso está todo grabado", es una de las cantinelas que más ha habido que oír. Por lo visto, tiene más mérito el directo-directo, así sea a cargo de un guitarrista descendiente de Freddy Krueger o de un cantante en eterna berrea. Pero, volviendo a la electrónica, aunque así sea, aunque se haya registrado previamente, hay que hacer sonar esa música, calibrada al milímetro, con una precisión que cobra mucha más importancia en los dj's que en los grupos al uso. Es necesaria una gran concentración, un privilegiado sentido del ritmo y, sépase, una cabeza en su sitio para disparar con precisión las programaciones y que todo suene bien. Escuchada con auriculares y con atención, se aprecia en esta música una miríada de detalles que dan idea de lo trabajoso de componerla. Contra el cantante que presume de haber escrito una canción en cinco minutos, no me quiero imaginar la cantidad de horas que habrán sido necesarias para alumbrar un tema como éste. Por eso me parece que el dj, en su solitaria pasión, tiene mucho más que ver con el poeta y con la poesía. No es un simple patrón de bombo a uno, caja en los tiempos pares y contratiempos con el charles. Hay una melodía suficiente, pero sobre todo sonidos, sugestión, paisajes. El caso del alemán Dominik Eulberg es curioso. Siendo guardabosques, ornitólogo y geógrafo, ha integrado desde su primer álbum, Flora & Fauna, la presencia de los sonidos de la naturaleza en su música. La canción de este sábado, que se podría traducir como felino dorado, da cuenta de esta electrónica orgánica, luminosa, acariciadora y en absoluto desquiciada, sino más bien todo lo contrario.

Dominik Eulberg: "Katzengold" (single, 2016)

jueves, 30 de marzo de 2017

RESOLVER DE UNA VEZ



Al salir del centro deportivo, celebramos la buena idea de llevar a las niñas a la piscina. Bueno es que cojan confianza con el agua, pero también, y aquí la expresión que hace medio gracia a Sara, que nos resuelva la mañana del jueves. Y es que así dicho es como si fueran las mañanas, los días y los meses fechas que ir tachando a la espera de no sé qué liberación, que empiecen a ir al colegio, que nos dejen desayunar en una cafetería leyendo el periódico mientras se entretienen con sus pinturas, que jueguen sesudas partidas de ajedrez mientras escuchamos música en el sofá o que vayan a la universidad y regrese el orden a la casa (un orden que acaso entonces nos parecería desconcertante y triste).
Algo parecido hay en esa expresión mil veces oída y odiada desde que nos dijeron que tendríamos mellizas: “Así ya lo tenéis hecho de una vez”. Y uno se pregunta, hecho el qué, por qué dan por sentado que no querremos tener más. O bien esta variante: “Así lo pasáis de una vez”. Como si la crianza fuera una gripe que hay que pasar sí o sí, y mejor cuanto antes. Por lo menos habiendo tenido dos nos hemos librado de lo de la parejita (nadie hasta ahora ha sido tan osado como para preguntarnos si no iremos a por las parejitas. Sudores me entran...)