miércoles, 24 de agosto de 2016

GLOSAS A EDER (II)



El sexo se está convirtiendo en una especie de deporte.
[Y resulta pavoroso pensar que la única educación sexual de tantos adolescentes y jóvenes es la pornografía.]

Si tú me dices ven voy, pero no lo dejo todo.
[Que se entere de una vez la poesía.]

Las mujeres muy guapas tienen una sexualidad caótica.
[Espero que mi señora sea la excepción.]

Los días azules de la infancia se pueden revivir en los días grises de París.
[Y en los días azules en el pueblo. Claro que habría que saltarse la siesta para ir a poner petardos en las boñigas, y no hay ni ganas ni boñigas).]

De niño el día de Reyes es mágico porque se reciben regalos, de adulto puede volver a ser mágico porque se hacen regalos.
[Siempre que sea a un niño que aún viva en esa magia (dejemos para otra vez el descreído “engaño”).]

Es asombrosa la rapidez con la que nos recuperamos de las catástrofes personales.
[No sé. Eso sólo lo puede saber uno de sí mismo, y un caso no hace categoría. La procesión va por dentro.]

Si recordamos un magnífico poema de memoria tenemos una mínima parte del cerebro sublime.
[¿Y si recordamos uno nefasto se nos puede pudrir otra?]

Uno de esos que sólo van a las playas para ver el simétrico milagro.
[“El simétrico milagro” debería servir para lavar automáticamente la mala prensa del eufemismo. Sólo habría que denostar los malos, naturalmente. Como este: “Uno de esos que sólo van a las playas nudistas para ver los pechos, las nalgas y el etcétera.”]

A veces nos salva el segundo apellido.
[¿Va por mí?]

No es fácil decir algo que no sea una estupidez en 140 caracteres.
[Curioso, aquí hay decenas de ejemplos que lo desmienten.]

El tonto en cuanto ve una frase inteligente enseguida la quiere modificar.
[Touché.]

Hay dos tipos de personas: las que nos alegran cuando vienen y las que nos alegran cuando se van.
[Y, con suerte, un tercero, las que nos alegran cuando se quedan.]

Cuando el pensamiento y su expresión llegan juntos surgen los mejores aforismos.
[Y los mejores poemas, y los mejores poemas.]

domingo, 21 de agosto de 2016

GLOSAS A EDER (I)



El texto de Enrique García-Máiquez reproducido aquí hace unos días certificaba el buen momento que atraviesa el aforismo en España, y continuaba resaltando la figura de Ramón Eder, “tal vez el autor más destacado de este apogeo, además de uno de sus pioneros.”
Ironías (Renacimiento), recoge tres libros de frases de Ramón Eder (Lumbier, 1952). Como el aforismo es prenda moldeable, y a veces incluso reversible, copio algunos de éstos con algunas peregrinas glosas: 

La transgresión siempre merece un castigo, o un premio.
[La transgresión siempre merece un castigo, que a veces es un premio.]

Lo bueno de leer muchas veces el mismo libro es que poco a poco se va convirtiendo en música.
[En una música ya conocida y amada. Y el placer anticipado por esa melodía, esa modulación, ese redoble...]

Cuando se escribe la única manera de no copiar a ciertos autores es, precisamente, haberlos leído.
[Salvo, ay, cuando se han leído, se han quedado dentro, y se ha olvidado que aquello era de otro (quien lo olvidó lo sabe).]

La gente verdaderamente inculta sólo se da en la ciudad.
[Aparte del ingenio que encierra ese inculta, sí que le parece a uno que en los pueblos se tarda más en mamar el cinismo y el resabio. Ahora bien, por inculto se puede tener el no haber visto un tomate en la mata como el no haber cogido un avión.]

Toda gran virtud está acompañada de un defecto correlativo.
[Por desgracia, este aforismo no es casi nunca reversible, pero qué belleza cuando la causa del defecto es esconder una virtud.]

En Madrid siempre le salían las cosas al revés, así que llamaba a la ciudad Dirdam.
[En mi ciudad, Cuna del Parlamentarismo y acaso del mismísimo Cervantes, allá por el valle de Sajambre, Custodio del Santo Grial, (meamos más lejos que los de Bilbao), en realidad las cosas ni salen ni entran, sino que no se mueven; ni están del derecho ni del revés, sino que no están; así que donde a la entrada del pueblo dice LEÓN, debería decir león (no es tan fiero el león, etc.)]

Las moscas son los absurdos ángeles del verano.
[Pues yo en verano los ángeles que veo –muchos– son a todo color. Pero volviendo al díptero, que en el pueblo donde veraneo es más rey que ángel por mucho que vuele, me ha inspirado uno de esos pensamientos injustos por ofensivos que bordonean en nuestra cabeza como la dichosa canción del verano, y que querríamos olvidar pero no podemos, porque salió en endecasílabo: “En el pueblo, comido por las moscas”...]

Enamorarse de viejo es una fiesta en el infierno.
[Errata. Sin duda el autor quiso decir “una fiesta en el invierno”. Lo que es una fiesta en el infierno es enamorarse de adolescente.]

Ser buena persona es tan difícil que muchos ni lo intentan.
[Ni intentan educar para ello a sus hijos. Les educan para que no les coman la merienda. También ahí hay un “fondo de tristeza” que acompaña a esa “emoción muy honda” de la paternidad.]

Los viajes en tren siempre tienen algo de novela de Agatha Christie.
[Tenían, ay, tenían.]

lunes, 15 de agosto de 2016

AFORISMOS DE ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ



“En cuanto un género alcanza un mínimo esplendor, el crítico literario atento se pregunta por qué, sabiendo que ahí se agazapa una clave de la época. El tonto protesta automática y airadamente contra la moda, autoerigido en guardián de las puras esencias de la originalidad. Lo estamos viendo  ahora que el aforismo español vive un auge felicísimo. Responde, sin duda, al espíritu de nuestro tiempo y viene a sanarlo con su propia medicina de intensidad, velocidad y dispersión, como un tratamiento de choque. Aparentemente es homeopático, pero añade profundidad, amor a la tradición y una visión personal del mundo.”
Quien esto escribe, en la solapa del volumen que reúne los aforismos de Ramón Eder, es Enrique García-Máiquez, quien ha aportado al género su gran granito de arena en Palomas y serpientes (La Veleta, 2015), uno de esos libros inagotables, por inteligencia, por humor y por mirada, esto es, por poesía. Pongo al frente tres de esos aforismos, a los que tengo especial cariño por deformación profesional:

La música me redime de las matemáticas que no sé, de los idiomas que no hablo, de lo espiritual que no soy.
(EL ALMA SIMPÁTICA) Como esa tinta juguetona, llamada simpática, que se vuelve visible cuando se la acerca una llama, a mi alma la veo cuando la acerco a la música.
La música dice el secreto. Pero, como no dice nada más, no lo traiciona.

Y estos otros tres por algo parecido:

De la poesía, como del amor, es más emocionante la intuición que su cumplimiento; pero el cumplimiento vale más.
Procuran añadir misterio a lo que escriben y logran, en el mejor de los casos, suspense. O un poco de penumbra. O cierto difuminado en los bordes. El misterio verdadero sólo condesciende a posarse en la página del que hizo todo lo posible para alcanzar la claridad.
No subas el tono de voz porque nadie te escucha, ni te repitas por si ahora pasa alguien. No le hagas eso al lector que tal vez tendrás en el futuro. Es el único que se daría cuenta y el único que no se lo merece.

Y más y más y más:

Si aplauden tu inconformismo y tu rebeldía, no eres rebelde ni inconformista.
La autoironía es un arma defensiva. Pero sólo sirve, ay, si nos hace daño de verdad.
No era deslumbrantemente inteligente ni profundamente culto, pero estaba atento; y, sólo con eso, nos excedía a todos.
Se comienza a ser un maniático del orden cuando gusta, no tanto hallar las cosas en su sitio, como dejarlas en su sitio.
Cuando uno se arrepiente de haber sido bueno, fue tonto, no bueno.
Mi corazón –tac-tac, tac-tac– llama sin cesar, pero qué pocas veces le abro.
Sin principios se empieza mal.
Vigilar un examen –si uno se fija bien– es una intensa experiencia estética. Nada embellece tanto como la concentración y el silencio.
Mi timidez preferida es la de aquellas chicas que tienen miedo, con razón, a los estragos que pueda ocasionar su belleza. Y, al empeñarse en ponernos a salvo, lo empeoran todo, deliciosamente.
Sólo podemos hablar con quien podemos estar en silencio.
(COEFICIENTE) La inteligencia es directamente proporcional a la alegría que produce descubrir que se estaba equivocado.
Si el precio de ser feliz es que los tristes piensen que eres tonto, es bastante barato.
En los cuernos del ciervo siempre es otoño.
Tanto afán por la igualdad sólo nos alcanza para repetirnos: «Nadie es más que yo», en vez de «No soy más que nadie».
Las arrugas son más profundas que las cicatrices.
La tristeza atonta.
«Todo el sentido del mundo de hoy cabe en dos frases dichas o mejor desdichas: Ganarse la vida, dicen los pobres. Matar el tiempo, dicen los ricos». Eso notó Max Aub en «el mundo de hoy» de ayer. En «el mundo de hoy» de hoy, habría observado que todos procuran ganarse la vida entre semana y matar el tiempo los fines de semana. Progreso lo es, sin duda; pero no demasiado.
Qué significativo que la expresión no sea oírlos, sino leer los pensamientos.
Mi verso libre es la prosa.
Escritor original no es el que no imita, sino al que imitan.
La poesía es lo que no hace falta que se necesita.
Cada verso, la cicatriz de un corte.
(…) La poesía y el arte nos gritan a cada instante: «¡Sorpresa, sorpresa!»…; pero tienen tan poquita voz y hay tanto jaleo…
El primer verso te lo dan los dioses, y el último hay que devolvérselo. Con intereses.
El escritor de ficción se escapa; el autobiográfico se persigue. Sólo los muy buenos de uno y otro signo se alcanzan.
Hay un solo modo de que la escritura sea sencilla y, a la vez, brillante: que transparente –clara, limpia, sin una distorsión–, lo que resplandece. Que siempre está más allá del papel.
TERTIUM NON DATUR. O diferente o indiferente. No hay otra manera de salir de un libro.
La poesía flirtea con el tiempo; que a veces se enamora de ella.
La literatura es usar más palabras de las necesarias y que resulten imprescindibles.
Se reconoce a los grandes porque siguen creciendo.
Se buscaba la gloria; luego, la fama; luego, el éxito; ahora, los «Me gusta» y los retuits; y todavía hay quien habla de progreso.
La grandeza de un libro estriba en que creó el espacio suficiente, aun en muy pocas páginas, para que resonasen dentro ecos lejanos. Y más ecos. Una continua, incansable cascada de ecos.
Lo más lírico de la lluvia, como de casi todo, es el principio y el final.
Pájaro sin nombre se va volando.

jueves, 11 de agosto de 2016

DEL CANSANCIO

Las extravagancias, como su nombre indica, no son más que otro sumidero del cansancio. Son, en cierto modo, una claudicación.

*   *   *

Como purgante, pongo a esta entrada (o salida) también la etiqueta de "Diario": Me dice Sara que se me nota mucho cuando no he tenido tiempo para mis cosas, en el humor, en la cara y... en los golpes. Ante esto último, que me sorprende, me defiendo: no son golpes, es un intento de hacer las cosas de la manera más, digamos, eficaz: llenar los vasos con un giro de muñeca lo más rápido posible, no dejar los calcetines en la cesta de la ropa sucia sino encestarlos y un extravagante etcétera. Añade Sara que los demás lo notan, haciendo de la casa (esto lo añado yo) un lugar inarmónico. La cara funérea sí es cierto que alguna vez me ha sorprendido desde el espejo. "Joder", he llegado a murmurar ante la draculiana visión. Y algún taco también ha podido haber, aunque yo los achaco a la abundancia de moscas en el pueblo. Mi señora, que es un ángel, me anima a que me eche la siesta, a que vaya al bar a ver el partido, que ya se queda ella con las niñas, que hay más brazos... Y le tomo la palabra y quedo de excelente humor, y me echo un ratillo de dos horas hasta el Gamper.

sábado, 6 de agosto de 2016

MINOR VICTORIES

Si Mojave3 no han dado disco malo (y han publicado cinco, con otras tantas joyas cada uno, tirando por lo bajo), es en buena parte por el juego de voces masculina y femenina. Rachel Goswell ha formado lo que ahora se llama un "supergrupo", con componentes de Mogwai y Editors. Su voz contribuye al sonido oscuro de temas densos, progresivos, que recuerda al de otros grupos tristones como Jeniferever o Daughter.

Minor victories: "Breaking my light" (de Minor victories, 2016)

sábado, 30 de julio de 2016

miércoles, 27 de julio de 2016

TRADUTTORE...

Mira que hemos criticado aquí las lecturas “ligeras” para el verano, pero a lo que se ve el pienso soltado últimamente en este comedero es, light no, lo siguiente: chascarrillos y poemas breves de regional preferente. Seguiríamos así, ensayando, por ejemplo, unos ripios con los que quejarnos (la queja trae descrédito, pero da gustito) de la pila de libros que trajimos para nada al retiro asturiano. “Otra vez otra pila de libros para nada”, empezaría en perezoso alejandrino. Pero no, no es la pereza lo que retira mi mano del lomo de uno de esos libros cada vez que voy a tirar de él: un infantil gañido que pone fin a una tan corta siesta, o la insoportable sensación de que voy a molestar si doy una luz en el cubículo que compartimos los cuatro, o…

En la poca bola que puedo rascar, me entretengo traduciendo poemas de una antología en portugués. Es un adictivo ejercicio de flexibilidad, pero sólo lo permiten aquéllos pocos que, como decía Bonnefoy, sentimos como nuestros. No sé si es por ignorar esa premisa que la mayoría de los poemas traducidos que leemos nos dejan fríos, acaso por pegarse demasiado al original, por un exceso de literalidad.
Un intérprete no puede tocar bien (entendiendo que esto excede el plano meramente técnico) una música que no le gusta de verdad. Y la que sí, la tocará bien en cuanto le vea la hechura, el juego, las imperfecciones, lo que de humano tiene. Cuántas impecables ejecuciones de Bach, por ejemplo, truncadas por un respeto mal entendido...
Lo que sigue es un poema de Eugénio de Andrade. Yo no sé si la traducción es ortodoxa, o si le vendría mejor los nombres de versión o recreación. Intuyo que un poco de infidelidad a la palabra o hasta el verso puede hacer más armoniosa la convivencia entre los dos poemas, el original y el traducido, porque si lo traducido ya no es poema igual sería traducir el Boletín Oficial de Vizcaya.

POEMA A MADRE

En lo más hondo, madre,
sé que te he traicionado.

Todo porque no soy
ya el niño adormecido
al fondo de tus ojos.

Todo porque no sabes que hubo camas
enemigas del frío
y noches rumorosas de matinales aguas.

Por eso, madre, a veces las palabras
que te digo son duras,
e infeliz nuestro amor.

Todo porque perdí las rosas blancas
contra el pecho apretadas del retrato.

Si supieras cómo amo aún las rosas
quizá no llenarías de pesares
tus horas. Pero has olvidado tanto…

Que mis piernas crecieron, olvidaste,
y todo el cuerpo, y hasta el corazón
se hizo tan grande, madre…


POEMA À MAE


No mais fundo de ti,
eu sei que traí, mae.

Tudo porque já nao sou
o menino adormecido
no fundo dos teus olhos.

Tudo porque tu ignoras
que há leitos onde o frio nao se demora
e noites rumorosas de águas matinais.

Por isso, às vezes, as palavras que te digo
sao duras, mae,
e o nosso amor é infeliz.

Tudo porque perdi as rosas brancas
que apretava junto ao coraçao
no retrato da moldura.

Se soubesses como ainda amo as rosas,
talvez nao enchesses as horas de pesadelos.

Mas tu esqueceste muita coisa;
esqueceste que as minhas pernas cresceram,
que todo o meu corpo cresceu,
e até o meu coraçao
ficou enorme, mae!

 [Lamentablemente, no he encontrado la manera de insertar la virgulilla de mae, nao, etc.]