lunes, 16 de junio de 2014

LA VÍSPERA, DE RODRIGO OLAY


La víspera (La isla de Siltolá) es el segundo libro de poemas de Rodrigo Olay (Noreña, Asturias, 1989). Sin duda asombrará a quien llegue a este autor por vez primera la personalidad que demuestra a tan breve edad. Pero esta ya había quedado patente en Cerrar los ojos para verte (Universos, 2011), un tour de force donde el joven poeta mostraba las armas de sus letras: una observación limpia y admirada de la naturaleza, la voluntad de búsqueda de la palabra precisa, y sobre todo un fecundo diálogo con la tradición y una extraordinaria habilidad métrica que saca excelente partido a sus muy bien asimiladas lecturas. También una sana jocundidad deudora del epigrama latino o, más cerca, del Víctor Botas de Aguas mayores y menores. El autor de Prosopon es uno de los numerosos poetas que recibían en aquel libro y reciben en La víspera sus agradecidos guiños líricos. Otros (a Ángel González o a Javier Almuzara) denotan el ascendiente de la poesía asturiana en la de Olay como marca de identidad; también resuenan en ella las voces de Borges o Miguel d´Ors. Rodrigo Olay sabe que no parte de cero, que se incorpora a una tradición.
Pero bucear en la genealogía literaria del autor tiene un interés relativo. Más provechoso parece señalar sus virtudes. La más llamativa es su gran seguridad en el manejo de las formas, que sería lo de menos si no estuvieran como están al servicio de la emoción. Toca todos los palos: sonetos alejandrinos, endecasílabos o trisílabos, décimas, octavas, haikus… La actualización de estrofas clásicas es uno de los atractivos de este libro. El autor se adapta a ellas con naturalidad, sin forzar la nota ni la rima. Incluye también en el libro una prosa breve (que viene a cumplir la función del sorbete en las bodas) que deja patente la afición del poeta por el ajedrez (publicó un ensayo en Clarín titulado “Del ajedrez como una de las bellas artes”). Otras muestras de sana originalidad son el poema con doble versión en asturiano y castellano o el hecho de que otros dos, el primero y el último del libro, compartan título.
Las ideas a veces hacen la mitad del poema. Así en el que abre el libro y le presta su nombre, una enumeración de prometedoras vísperas que ganan por goleada al escueto y presente “Ahora, compara” del último verso. Claro que en estos poemas se corre el riesgo de que la idea no llegue, como tal vez ocurra en “El envidiado”. Pero donde no llega la idea llega la poesía. No hay página si su pequeño gran placer, sin su acierto. Entre estos, las imágenes, originalísimas, y como ejemplo las acumuladas en “Día de nieve” para referirse al manto blanco como “cuaderno el primer día de colegio / y virgen temerosa de su propia hermosura, / o algodón melancólico o nube de la tierra / o también el cadáver de la luz / o quizá piel del frío”, etc. Los poemas breves que se fían a ellas, como los haikus dedicados a las estaciones o los epigramas, están entre los más logrados del libro.
También me parece digna de destacarse la reivindicación del verso más allá del poema, como en “Endecasílabos” o “Alejandrinos”, a veces reutilizándolos (por qué no), como el citado “La nieve es el cadáver de la luz”, que aparecía en Cerrar los ojos para verte. Este reciclaje poético es una manera más de las que tiene Rodrigo Olay de jugar con las palabras, lo que nunca hace por darse pisto, sino por puro cariño, como hace un padre con el hijo. Los juegos conceptistas no se quedan en mero ejercicio retórico, sino que contribuyen a la expresión: “amar a veces sabe a mar amargo”. El final del emotivo “Palabras a la hija que algún día tendré” parece imitar el balbuceo del bebé (ya, yi, yo, yu): “Porque allí yo ya no podré ayudarte.” En “La Manga. 2010. Fotografía” vuelve a travesear con el calambur: “Cae una luz en alud que en tu figura / todo lo cura y soy todo locura.” Si tras leer un poema como este diríamos al autor algo como “vale, muy bien, pero ¿y la emoción?”, al pasar la página nos encontramos con el sentido y magnífico poema dedicado al abuelo muerto. Demuestra con ello el autor ser consciente de los peligros de la habilidad.  
Los temas son variados. Alternan los de tono clásico (“A la corte de Antíoco ha llegado un viajero”, “Diffugere nives”) con algún experimento más o menos surrealista como “1965”, que prescinde de los signos de puntuación. Los poemas amorosos casi siempre aciertan a evitar la pathetic fallacy, sobre la que ironiza en “Acción de gracias”, precisamente el poema que más la ronda. Hay también un puñado de poemas familiares, como el citado del abuelo, o “Historia de un amor”, dedicado a la madre del poeta, ejemplo de un tipo de poema marca de la casa, que desarrolla la técnica del engaño-desengaño: el amor abnegado de una mujer ante el que el poeta se deja querer interesadamente no es el de una preterida amante, sino el de su madre. Otros finales se resuelven en paradoja; así “Elogio de la locura”, en el que, tras enumerar una serie de audacias que no ha realizado con su novia, el poeta concluye: “Toda la vida igual. // Dos insensatos.” Tampoco faltan las poéticas, entre líneas o de cuerpo entero. El poema titulado precisamente “Poética” pone deberes al lector autor: “Un poema es poema / si puede acompañar –si recordarse– / a quien sabe que ya es breve su tiempo. // Si pudieran tus versos ser los últimos.”
Comencé hablando de la juventud del autor, circunstancia que en sí misma ni suma ni resta. Si por ella el libro gana en frescura y verdad es porque las atesora. Restarle méritos apoyándonos en ella no es sino un fácil recurso en este caso con poca justificación. Naturalmente, los años irán moldeando el pensamiento del poeta, y con él su poesía, pero de igual modo que lo sigue haciendo en alguien de 40 o 60 años, que no tendrá precisamente más certezas, sino que no mostrará tan limpiamente las que le vayan quedando. Tampoco observo el riesgo de que el caudal de referencias e influencias eclipse su mundo interior. Todo lo demás está de su mano, mirada, oído, seducción verbal y –no lo olvidemos ni nos avergoncemos– sensibilidad: poesía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario