viernes, 1 de junio de 2018

POR NO HACER MUDANZA...


Con la excusa de dejar la casa amueblada, los anteriores dueños aprovecharon para relajarse un tanto en la limpieza de la misma, legándonos, al amparo de un oportunista “por si acaso”, una sarta de objetos de lo más variopintos, de esos que en cada escrutinio se indultan a última hora para tirarlos si acaso la próxima vez: trapos que fueron camisetas, enciclopedias de dudoso futuro o chirimbolos de toda laya: unas figurillas si artesanales feas por aquí, unos peluches por allá, los aparejos de la costura por acullá… Y claro está que habría que actuar con todo ello sin contemplaciones, máxime cuando no las tuvimos con nuestros propios cachivaches en una liberadora mudanza. Pero hay algo que a última hora hace dudar y devolver tales joyas a su cajón, y acaso sea el respeto que imponen las ajenas vidas entrevistas. Como si hubiera que preservar, aun desconociéndola, la vida que llevaban en la casa sus antiguos moradores, no vayan a manifestarse sus espíritus en pavorosas psicofonías y levitaciones.
Donde no había duda posible era en la buhardilla, cuyo techo a dos aguas no encontraba el aire de la blancura entre la barahúnda de posters, planos, recortes de prensa y pasquines en los que Aznar y León de la Riva eran a un tiempo los más representados y los peor parados. Había para casi todos, siempre que pertenecieran a esa bancada: la Tocino, Espe, Lucas, la Patronal, la Cope… A esta oficina se sumaban un par de corcheras repletas de pines, se puede decir que la mitad del PSOE y la UGT y la otra mitad anti lo que fuera. Tal vez fueron las caricaturas más feroces, como la del ex presidente con bigotillo hitleriano, tal vez la bandera del Che, lo que llevó al dueño a confesar que su hijo militaba en el sindicato de estudiantes. De tal palo, tal astilla, pensaba inevitablemente uno, por más que poco antes la dueña, al explicarnos lo que abría cada llave, se esforzara en ocultar con el puño el llavero de Juventudes o la FSP. No contentos con no dejar un palmo de pared limpio, habían atiborrado de pegatinas los paneles laterales de las estanterías. Mientras nos comentaban la posibilidad de abrir más troneras, yo no podía evitar mirar de reojo. Alcalde, ¡antenas fuera! ¿Y para subir al tejado? Abajo el muro. Frente Polisario. Desde el patio. República es futuro. ¿Y hay una escalera comunitaria? Esto tiene cura: ¡Estado laico! Y así, claro, no había forma de enterarse de nada.
Cuando le tocó el turno a los cajones…
[Continuará]

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