Boards of Canada publican nuevo álbum, y es noticia. Es de esos grupos (dos hermanos, escoceses para más señas) en cuya influencia en la música electrónica de los últimos 40 años todos coinciden, pero que aun así se escucha poco. A mí me fascinan, porque me permiten entrar en otro mundo, o mejor, entrar en áreas restringidas de este. Tiene su música, en ese sentido, algo de telúrico. Algo parecido me proporciona, por otros medios, la polifonía renacentista. Boards of Canada son esa congoja que viene arrastrada de la infancia o de más atrás, preservada en los genes: un misterio hecho sonido, cosa que no me parece nada fácil, lo que consiguen a través de teclados y sintes analógicos, rítmicas muestras vocales (palabra hecha ritmo) o sintonías de programas de radio o televisión antiguos, en un downtempo característico del trip hop, acaso el marbete estilístico en que con menos apuros y estridencia cabría incluir a esta banda tan genuina como inclasificable. Buscar aquí estribillos, siquiera canciones, sería tan corto de miras como, en un libro de versos, buscar poemas y no poesía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario