viernes, 19 de julio de 2013

LOS PAISAJES DEL ALMA

Once meses después, de nuevo ante este paisaje del alma, con la playa de Borizo reflejando el sol naciente, el castro de Troenzo enfrente y el mar salmodiando su mantra infatigable, esculpiendo las rocas ola a ola, día a día, siglo a siglo. Cuando regresamos a nuestros santos lugares comprendemos que son santos y son nuestros porque nos devuelven a un yo más cierto. Saben que vamos y no nos desengañan, dice un verso de T. De vez en cuando aterriza en la parcela un gorrión o un colirrojo en busca de alimento. También algún mirlo. Algunos se atreven a aventurarse hasta el avancé. Dan unos saltos, miran ladeando la cabeza y se van con su miga en el pico, pues siempre nos aseguramos de que no se vayan de vacío. Y bien poco piden por bajarnos el cielo.



3 comentarios:

  1. Qué suerte, Sergio, tener un lugar al que volver, un tiempo en el que reconocerse, y unos gorriones a los que saludar.

    ResponderEliminar